el arte de vivir por encima del a b i s m o.

viernes

Siempre pensé que no iba a poder seguir con mi rutina, pero tengo la teoría de que no puedo, ya que los días que no escribo figurativamente no son rutina, o parte de ella. Hoy me di cuenta que últimamente he observado todo de una manera un tanto simple, sin complicaciones ni exaltaciones de por medio, hoy miraba la micro con cara preocupante, me senté quince minutos en santa ana esperando, a quién?
Nunca supe de que referirme ni mucho menos mientras escribo estas líneas, sin embargo, siempre que camino en la calle las ideas se vuelcan sobre mí, hace un instante leí esto, no sabía de su existencia, y me dieron unas ganas infinitas de agregarte y decirte "hola, tienes una foto de portada muy bonita, quieres ser mi amiga?" aquí va. 
El hombre imaginario vive en una mansión imaginaria rodeada de árboles imaginarios a la orilla de un río imaginario. 

De los muros, que son imaginarios, penden antiguos cuadros imaginarios, irreparables grietas imaginarias que representan hechos imaginarios ocurridos en mundos imaginarios, en lugares y tiempos imaginarios.

Todas las tardes imaginarias sube las escaleras imaginarias y se asoma al balcón imaginario a mirar el paisaje imaginario, que consiste en un valle imaginario 
circundado de cerros imaginarios.

Sombras imaginarias vienen por el camino imaginario entonando canciones imaginarias a la muerte del sol imaginario.

Y, en las noches de luna imaginaria, sueña con la mujer imaginaria que le brindó su amor imaginario, vuelve a sentir ese mismo dolor, ese mismo placer imaginario y vuelve a palpitar el corazón del hombre imaginario.


N.P

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