el arte de vivir por encima del a b i s m o.

viernes

La podría haber reconocido a 4 o 5 cuadras de distancia, vestía de unas botitas cafés, pantalones negros, y una chaquetita burdeo, podría reconocer con exactitud cada detalle ínfimo de su cuerpo, sus caderas suaves y delgadas, como el pelo cae desde su nuca hacia el lado derecho, como su piel tensa demuestra seguridad de si misma, su andar que pareciese que vuela mientras coordina su pisada, sus dulces ojos llenos de amor, como su pómulo sonríe mientras ella sonríe, su expresión al sentir frío, su expresión al sentirse incómoda, y como si fuera todo, tan sólo el pequeño instante en que la veo, y se va caminando hacía el otro lado.
Ella estaba de espalda, pero aún así podría disfrutar de cada recuerdo de ella, cada segundo de su mirada apasionada, de sus palabras que iban y venían, mientras yo atónito la observada de lado a lado, de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, horizontalmente, verticalmente, y de todas las formas en que mis ojos pudiesen denotar aquella figurita de cristal. Quizás fue producto de la casualidad, o mero instante en esta vida, no lo esperaba, pero su delicado cuerpo se dio vuelta, su pelo al viento giró al igual que ella, me miró suavemente. Me sonrío, y la sonrisa como una bala, cruzó certera-mente  todo el espacio que había entre ella y yo, penetró en mi pequeño ser, para luego desvanecerme y desaparecer.

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