el arte de vivir por encima del a b i s m o.

martes

Basta de preámbulos, tanta espera insensata llena de rencor, pequeñeces de nuestro que hacer diario inundados en lluvia persistente, como un diluvio sobre mí (o conmigo, o desde mí, o hacia mí, o para mí, o mío).
Rutinariamente ahogado en la rutina diaria de nuestro existir, en los ínfimos detalles de nuestro placentero viaje, he descubierto mi momento más triste del día, a las 6:51 mi cuerpo desorbitado en dudas  hace uso de sus incesantes fuerzas y se levanta rendido al nuevo día, al nuevo martes, al parecido martes, al mismo martes. Luego camina algunos pasos con cierta certeza y llega al baño, una ducha para despertar y quitar esas últimas dudas que quedan si lo que estoy viviendo en ese instante es real, o solo es producto de mi imaginación aún tendida en las sábanas de mi cama, mi momento más triste se resume en un par de minutos, luego de cerrar la llave de paso, del agua caliente, mi gélido cuerpo busca abrigo, mis extremidades entumecidas por el frío que entra por el más mínimo poro de mi descubierta piel, intento apaciguar este frío con una toalla siempre roja (tengo la teoría, de que cuando uno se levanta y usa alguna toalla colorida, empieza mejor el día, está de más decir que no tiene validez universal y sigue siendo una triste teoría), ese sentimiento de soledad, en busca de algo, necesitando algo que no existe, que no está, que no se ve por ninguna parte, luego de intentar una y otra vez calentar mi cuerpo, con la misma plenitud me visto, me seco el pelo, y salgo de mi casa rumbo al norte, creo sentir mi cuerpo todo el día, llega la noche, suena mi despertador, me levanto, entro a la ducha, para luego sentir todos los días ese pequeño resto de soledad, hundido totalmente en el calor corporal. (o lo que queda de él)

No hay comentarios:

Publicar un comentario